domingo, 24 de marzo de 2013

¿Quién es el padre de Lalo Cura?


…como si el pinche culero mamón de su propia verga fuera hijo de escoceses. Pág. 518


Los hilos o cuerdas que conectan las narraciones de Bolaño nunca son gratuitos, nunca son solo azar, parecen puestos sin querer, parecen surgir de improviso. Pero el estilo depurado de Bolaño siempre suelta coletazos, fuetazos que van uniendo aquí y allá partes de diferentes historias que se siguen hilando por pura diversión, porque si, pareciera.  

2666, la genealogía de Olegario Cura Expósito (Lalo Cura) de la página 693 a la 698, pero en especial un fragmento de la página 697, que dice:

“En 1976 la joven María Expósito encontró en el desierto a dos estudiantes del DF que le dijeron que se habían perdido pero que más bien parecían estar huyendo de algo y a los que  tras una semana vertiginosa nunca más volvió a ver. Los estudiantes vivían dentro de su propio coche y uno de ellos parecía estar enfermo. Parecían como drogados y hablaban mucho y no comían nada aunque ella les llevaba tortillas y frijoles que sustraía de su casa. Hablaban, por ejemplo, de una nueva revolución, una revolución invisible que ya se estaba gestando pero que tardaría en salir a las calles al menos cincuenta años más. O quinientos. O cinco mil. Los estudiantes conocían Villaviciosa pero lo que querían era encontrar  la carretera a Ures o a Hermosillo. Cada noche hicieron el amor con ella, dentro del coche o sobre la tierra tibia del desierto, hasta que una mañana ella llegó al lugar y no los encontró”.

¿Quiénes son esos estudiantes que no dejan de hablar? Por la fecha y por el lugar no es difícil adivinar que son Ulises Lima y Arturo Belano; chécate la tercera parte de Los detectives salvajes y masomenos por esos lugares andaban a esa hora y en ese año.
Si tienes en cuenta que Arturo Belano es el narrador de todo 2666 entonces el misterio nunca lo sabremos, y también no importa saberlo, las cajas de resonancia están por todos los libros del Bolaño y lo que puede ser una novela independiente es cronología y parte de una saga, a lo Faulkner. Dice mi amigo Kurt que ya en otro cuento aparece Lalo Cura, no me acuerdo ahorita en cual, no importa tampoco. Tampoco importa que en Los sinsabores del verdadero policía aparezca Pancho Monje Expósito, que es Lalo Cura, sin ese nombre. Y quizá tampoco importa saber quién es el padre de Lalo Cura ¿Belano o Lima o ninguno de ellos? No importa saberlo, la novela no tiene que comprobar nada, destila a chorros sangre de literatura, y escritura encabronadamente buena salpica las paginas, todo muy formal, como pensado con 3000 cerebros. Pero hay algo que si importa, y eso es que, Bolaño a todos nos hace detectives. Preguntándonos un montón de chingaderas en nuestros cerebros, nuestros cerebritos de plástico.               

miércoles, 20 de marzo de 2013

Gombrowicz sobre Borges





Dominique de Roux: ¿Y Borges?

Witold Gombrowicz: Borges y yo somos opuestos. Él se halla enraizado en la literatura, y yo en la vida. Yo soy, a decir verdad, antiliterario. Precisamente a causa de eso hubiera podido ser fructífero un acercamiento con Borges, pero lo impidieron dificultades técnicas. Nos hemos encontrado una vez o dos, y eso ha sido todo. Borges tenía ya su capillita, un tanto obsequiosa. Él hablaba y ellos escuchaban.
Lo que decía no me parecía a mí de la mejor calidad; era demasiado estrecho, demasiado literario, paradojas, frases ingeniosas, sutilezas, en una palabra, el género que más aborrezco. Su inteligencia no me deslumbró; solo más tarde, cuando leí sus obras propiamente artísticas (sus cuentos), no tuve por menos de reconocerle una rara perspicacia de alma y espíritu. Pero el Borges “hablado”, ese Borges de conversaciones, de conferencias, de entrevistas, y también el de los ensayos y de las críticas, siempre me ha parecido pobre, más bien superficial. En Argentina, me citaban a menudo como “excelentes” las frases ingeniosas de Borges. Pues bien, siempre me decepcionaban. No eran más que literatura, y no de la mejor.

D. R.: ¿Cómo se explica usted esa notable diferencia entre el arte de Borges y el Borges “hablado”?

W. G.: Tengo sobre eso mi teoría. En mi opinión, no dan la suficiente importancia al hecho de que Borges está casi ciego. Es lo que le ha permitido esa gran concentración interior de la que nacieron obras artísticas de alto valor. Pero es también lo que le ha condenado a no vivir más que dentro de determinado círculo, demasiado estrecho, formado por esos escritores ninguno de los cuales tenía la suficiente altura para contradecirlo; se le prodigaba una admiración un tanto amanerada, y se le seguía cada vez más en los finos arabescos de sus pensamientos y en su seudoerudición (toda erudición es y no puede ser más que seudo; Borges erudito es de una ignorancia aterradora y, además, de una inteligencia discutible, pues la erudición es por esencia ininteligible). Por ello, Borges, en su ceguera, se ha vuelto cada vez más profundo, y en su trato con el mundo exterior cada vez más superficial. Tal evolución merece respeto, desde el momento en que un hombre ciego no puede llevar una vida normal. Pero creo que sus admiradores cometen un error al no distinguir los dos Borges y al envolver en la misma nube de incienso su inteligencia y su ininteligencia. Ininteligencia que se manifiesta tanto en el merodeo maniaco de migajas literaria sin valor, como en una revelación de este género: “¿Qué opina usted del duelo?” “Soy absolutamente opuesto a él; cuando se produce una diferencia entre dos personas, esa diferencia pienso que no tiene nada que ver ni con las espadas ni con la muerte de una de esas personas”.

D. R.: Se le podría hacer a usted una objeción aquí. Si el hecho de que Borges sea en cierto sentido limitado o intelectualmente extravagante se debiera a su ceguera, no habría sido tal en la época en que su vista era aún casi normal. Y sin embargo, en los comienzos de su creación literaria, Borges era menos original y más prisionero aún de los estetismos. Tanto en lo que escribía como en lo que decía.

W. G.: Tiene usted razón. Habría quizá que decir que la ceguera no le ha permitido vencer, en el plano de “exquisito conversador” como en el plano de la vida, lo que ha superado gracias a ella en su arte. No sé…  

D. R.: Con todo, es usted a veces muy severo con su arte. En uno de los capítulos de su ‘Diario’ publicado en Les Lettres Nouvelles, lo ha calificado usted de “caldo insípido para literatos”.

W. G.: Me he expresado torpemente. Yo lo estimo mucho como artista. ¡Pero qué propiedad tiene de atraer a los eruditos, a los estetas, a los “cinceladores”, bibliófilos, profesores, glosadores y otros sibaritas y especialistas en letras! A éstos apuntaba yo con mi “caldo insípido”, no a él.
He tenido ocasión en Argentina de conocer a algunos de los admiradores de su círculo íntimo. No me han causado asombro ni por un exceso de inteligencia, ni por un desbordamiento de energía espiritual. No debe, pues, extrañar que no comprendieran una palabra de Ferdydurke, recién traducido a la sazón al español. Pero incluso si los acólitos de Borges hubieran sido capaces de transmitirle de mi libro una vaga idea (a él, incapaz de leer solo), no habría servido de nada. Este hombre, muy sincero y profundamente humano en su soledad, en la vida diaria teme a los hombres, y su timidez, su finura aristocrática le obligan a huir de la sinceridad. Su pretendida modestia no es más que una coraza para su sensibilidad aristocrática. El modesto sir Jorge Borges, Knight of  British Empire, Commandeur des Lettres et des Arts, Caballero de la Orden del Sol y de la Orden de la Madonnina, etc., experimentaría, me parece, grandes dificultades para entenderse con cierto vanidoso Gombrowicz, a secas.


[Bibliografia: ‘Lo humano en busca de lo humano, Witold Gombrowicz conversa con Dominique de Roux’ Trad. Aurelio Garzón del Camino, Siglo XXI, 2da edición y tan tan.]   

viernes, 15 de marzo de 2013

Perdidos tripulantes





   
La nave bajo lentamente levantando un polvo pesado de años. Las luces metálicas lograron ir descubriendo el alrededor a distancia, no mayor a tres o cuatro metros. Esperaremos horas para poder descender de la nave, pensó uno de sus tripulantes, sin expresarlo, sin emitir sonido alguno. La nave era rustica, sin parafernalia, una nave de uso común que había desviado su ruta y había logrado soportar el ingreso a una nueva atmósfera sin saber qué atmósfera era la que penetraba en picada, directo a su desmembramiento. Pero la nave logro soportarlo todo y equilibrar su vuelo. El tren de aterrizaje funcionaba con normalidad y tan pronto fue despejándose la nube de polvo de las ventanas de la cabina y del alrededor en general, los pasajeros observaron atónitos el lugar de su llegada, vieron edificios y una columna con lo que parecía un ángel en su parte más alta, un camino de tierra y polvo con deshechos por todos lados, objetos que bien podrían haber sido naves en otros tiempos en este lugar, naves aun más rusticas que la de estos tripulantes perdidos y vivos. La atmósfera era favorable y decidieron salir para descubrir qué era este lugar, hoy inhabitable. En una esquina se leía, entre letras oxidadas y lo deshecho del letrero que contenía esas letras: Ciudad de México. Pero los tripulantes no entendían el idioma de esa escritura.                     

domingo, 3 de marzo de 2013

(MSP domesticado) El arte y la basura de un libro






Tienen que va el Allan y se mete a una librería y en esa librería, donde se vende libros como se venden salchichas en el departamento de salchichonería del súper, se vende también un libro “nuevo” del POETA mexicano Mario Santiago Papasquiaro: ‘Arte&Basura’.
El Allan pasa las páginas de ese Arte&Basura y se sorprende (cara de sorprendido) de no encontrar un boleto para la rifa de alguna licuadora o para la catafixia de Chabelo o para la premier de alguna película de vampiros adolescentes, Why?, se pregunta el Allan: why?
Pero, tiene hojas rojas y eso ya es un avance. Hojas rojas sin tinta, vacías. Y entonces el Allan brinca de emoción porque descubre que es también un libro para colorear, como los que desde niño va coleccionando. Y entonces piensa que puede ser parte del juego de un libro lleno de chantillí y merengue, un libro de diseñador que no tiene nada que ver con el poeta Mario Santiago Papasquiaro. Y ¿porque ocurre esto? ¿Se pueden domesticar Pitbulls y ponerles vestiditos de hadas?
Y entonces el Allan va a la caja y paga el importe de un libro que, de entrada, ya le causo nauseas (y quizá diarrea). Y esto lo hace el Allan porque Allan es normal, nada de robar libros ni de burlarse de nadie. Y entonces el Allan va caminando por las lindas calles con el agradable olor a cañería del centro histórico y se topa de frente a su amigo José Francisco Zapata. Y le enseña el libro y Zapata, que fue amigo durante mucho tiempo de Mario Santiago ríe y su risa recorre todo el sistema de drenajes tapados del despampanante D.F.
Pero bueno, no hay de que espantarse, se dice a si mismo el Allan, es lo más normal. ¿Qué esperabas de una editorial que edita libros de perritos chihuahua?
¿Qué podía hacer una editorial y un seleccionador que observan la vida desde el turibus, desde escaparates del Starfucks? ¿Qué podían hacer con alguien indomable que escribió textos indomables?  Mario Santiago excede el coeficiente intracraneal de estos popis.
Popis lectores de Octavio Paz, de Sabines y del Milchistes, los primeros, deudores máximos de este ultimo.
A este paso el siguiente número de la colección posiblemente sea una selección de poemas de Pessoa hecha y prologada por la Pau, posiblemente Cavalcantti con notas de Mijares. ¿Qué sigue después de esta mierda?
Y después de esto sigue el discurso mamilon de siempre dentro de la poesía, conferencias y más descredito a Mario Santiago y más discursos mamilas y más conferencias y más intelectuales ponderando lo falso (ellos mismos) y desacreditando lo autentico (M.S.P).
Pero es que ni por donde defender al “libro” ¿esto es un libro? (de eso muy seguro no estoy).
Creo que a Bolaño no le hubiera gustado, incluso creo que ni a la abuelita de Bolaño le hubiera gustado.
A mi no me gusta nada (exceptuando los poemas íntegros -con los insoportables colores de hojas que están muy bien para cartas de amor de secundaria o para dibujos de los power rangers, pero para la POESIA de M.S.P, nel-).

El título: ¡¡¡¡¡Arte&Basura!!!!

¿A que clase de pendejo se le ocurre un titulo así? Después de ‘Beso eterno’, ‘Aullido de cisne’ y ‘Jeta de santo’ titular un libro de M.S.P ‘Arte&Basura’ incluye mucho veneno vinagroso y un desconocimiento total de la obra del autor, incluye también un grado alto de estupidez y de inocencia (para cagarse de risa).

Siguiente: voy a miar.

Siguiente: ¡diugh!          

Siguiente: ¡ah pero que chingadera es esta!

Siguiente: …

Siguiente:

Siguiente:

Siguiente:

Siguiente:

Siguiente.   
                  

domingo, 24 de febrero de 2013

El libro rojo de V-M



Son la 1 am, tengo sueño y lo mejor sería intentar dormir. Pero como el sueño parece no tener (de momento) hora de llegada mejor comentaré en esta hoja de Word, de manera rápida, como en una primera impresión que guste y baste, el libro rojo de Vila-Matas ‘Perder teorías’.



Apéndice completamente independiente de Dublinesca este libro quizá encierre buena parte de la más gloriosa literatura actual, que es lo mismo que decir que con el tiempo será un clásico. Un inconseguible, porque la edición limitada así lo anuncia. Un libro del mejor Vila-Matas (el V-M de la dilatada brevedad abismal, de juegos serios).

La historia es esta: un escritor es invitado, lo dejan plantado, le parece genial ponerse a escribir una teoría de la novela, punto. Esa teoría de la novela es el ensayo-cuento-teoría que recorre las líneas. Por momentos tenemos que levantarnos del sillón de donde lo estemos leyendo porque no queremos que todo sea tan rápido, pero lo es, y entonces sabemos que en el futuro ya tendremos un opúsculo que nos acompañe al abismal mundo real, al mundo donde las teorías son imposibles, o de serlas lo mejor será perderlas y hacernos teoría al andar. Porque así son las novelas y, dicho sea de paso así es la vida: se escriben si se entintan hojas, se vive si se pone en movimiento la escritura de esas hojas. ¿Qué somos, literatura? No lo creo pero, si somos vida entonces quizá seamos también un tanto de literatura ¿O no? No importa, lo mío no es hacer crítica, ni mucho menos teoría de la crítica. Yo lo único que quiero ahora es dormir y decirle al cybermundo que este libro no es cualquier cosa. Un libro sobre las fascinantes teorías que tienen su burbuja en la misma practica -porque siempre será mejor hacer teoría dentro de la práctica: juntasconpegado y dejar de hacerle al mamila-. DO IT NOW! Me duermo, bye.