sábado, 18 de diciembre de 2010

Si dejaras de llorar un instante

Hay una cierta manía o fascinación en los medios electrónicos por tratar de publicar -o colgar, como se le llama entre la gente que llama así a gritonear con sus teclas lo mas superfluo de su existencia- lo mas obvio y lo que de entrada, o le sucede a cualquiera, o le esta sucediendo a cualquiera en cualquier parte del globo. Tengo para mi que esto no es más que un reflejo del vació y de la poca comunicación que padecen estos tiempos donde la premisa es: "no me importa que no te importe lo que escribo, total te enteraras y es mi derecho decir cuanto haga o deje de hacer en el día, sea importante o sean mis aburriciones". Desde cortase el cabello, las uñas o ir a una reunión, todo pasa por el censo de ser apuntado, en la web. Una amiga hace unos días me decía que ella lo hacia y que le tranquilizaba de alguna manera plantar un orden por medio de su espacio web. Le dije que ella era libre de expresar cuanto quisiera sin censura o rebate de mi parte, pero de ahí a que yo me lo creyera y supusiera que eso era verdad era otra cosa. Ella abrió los ojos, señal de alerta o de auto escandalo y desengaño, lo se. Comencé por explicarle que afín de cuentas la web es un espacio publico, que se ha utilizado mal, muy mal y que en eso tenia que ser consciente. Tan solo al abrir una pagina para revisar la bandeja de mensajes personales o email, uno puede encontrarse con la sarta de babosadas que acontecen a las estrellitas que uno de entrada ignora por ser lazo perpetuo de comunicación entre la estupidez y la gente. Y no para ahí, ya en la bandeja personal no dejamos de ser victimas de la saturación de publicidad hueca y superflua, ya lo decía Octavio Paz "la sociedad moderna esta lejos de ser un ejemplo: muchas de sus manifestaciones -la publicidad, el culto al dinero, las desigualdades abismales, el egoísmo feroz, la uniformidad de los gustos, las opiniones, las conciencias- son un compendio de horrores y estupideces". Lo decía en un contexto donde lo que defendia de la modernidad era "una transformación radical de la sociedad", "darnos confianza y fortaleza para hacer frente a un mundo revuelto y despiadado". Pareciera que todo eso se queda corto o es efímero tan pronto el mensaje de arriba tape al anterior. Inclusive el medio que utilizo para expresarme como lector y como ciudadano, este, el blog, es utilizado en proporciones altas de estupidez, por que cualquiera que se haya aprendido el alfabeto opina o piensa que eso lo hace escritor y no sospecha en un momento siquiera que este espacio esta creado como vinculo comunicador efímero. Mucha diferencia hay entre escribir una opinión y crear una obra de arte y la segunda  lleva siempre en si un tiempo indefinido. Por eso cada que veo y reviso los mensajes que de algún lado me mande alguien lo primero que veo es, si se trata de un mensaje con destinatario, que por ende seria yo, o se trata de una mas de esas cadenas que se tienen que mandar a mil personas mas; o de lo contrario resignarse a recibir el rayo que en la tarde te caería "si no mandas tus mil copias de lo que te estoy mandando". Me causan mucha aburrición los entretenimientos de estos tiempos, desde los videojuegos, pasando por la television y todos aquellos donde el factor de recrear a alguien en su pensamiento sea anulado de entrada. No es ocasión correcta para decir que juegos prefiero y cuales son mis favoritos, eso mas adelante. Pero si creo que si alguien no puede, en estos tiempos, vivir sin Internet y crea que todo lo que le acontece le interesa a los demás, habría que abrirle los ojos con una pequeña pregunta sobre lo que sucede en su vida real y decirle: "De esto te has perdido, sí, es un caos horrendo, pero, si dejaras de llorar un instante..."

martes, 14 de diciembre de 2010

Obras maestras de 40 autores personalísimos

- Laurence Sterne: Tristram Shandy, Viaje Sentimental, Cartas a Eliza.


- Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha.


- James Joyce: Ulisses, Finnegan’s Wake.


- Joanot Martorell: Tirant lo Blanc.


- William Faulkner: El ruido y la furia, Luz de agosto, Santuario, Cuentos Reunidos.


- Charles Dickens: Los papeles póstumos del club Pickwick.


- J. W. Goethe: Las afinidades electivas, Werther.



- Mario Vargas Llosa: Conversación en La Catedral, Travesuras de la niña mala.


- Bram Stoker: Dracula


- Roberto Bolaño: Los detectives salvajes


- Copi: Obras 1.


- Gustave Flaubert: Madame Bovary, Tres cuentos.


- Gabriel Garcia Marquez: Cien años de soledad, El amor en los tiempos del colera.


- Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas, Nostromo, El espejo del mar.


- Herman Melville: Pierre o las ambigüedades, Moby Dick, Bartleby el escribiente.


- Javier Marías: Corazón tan blanco, Tu rostro mañana, Cuentos Únicos.


- Antón Chejov: Cuentos.


- Charles Baudelaire: Las flores del mal, El Spleen de París.


- Robert Walser: Vida de poeta, Microgramas.


- Juan Carlos Onneti: Cuentos Completos.


- Mircea Eliade: La noche de san Juan.


- Truman Capote: A sangre fría, Cuentos Completos.


- Guy de Maupassant: Cuentos.


- Octavio Paz: El arco y la lira, La llama doble.


- Vladimir Nabokob: Lolita.


- Italo Calvino: Nuestros antepasados, Todas las cosmicomicas.


- Sergio Pitol: El mago de Viena, Los mejores cuentos, El arte de la fuga.



- Jane Austen: Emma.


- Witold Gombrowicz: Diario, Cosmos, Transatlántico.


- Henry James: Los papeles de Aspern.


- Thomas Bernhard: Trastorno, Relatos Autobiográficos.


- George Perec: Un hombre que duerme, El gabinete de un aficionado.


- Juan Rulfo: Pedro Paramo, El llano en llamas, Retales, Elegías de Duino (versión de…)


- Franz Kafka: Un medico rural, El proceso.


- Enrique Vila-Matas: Dublinesca, Doctor Pasavento, El mal de montano.


- Julio Cortazar: Rayuela.


- Ernest Hemingway: Cuentos, El viejo y el mar.


- Italo Svevo: La conciencia de Zeno.


- Ray Bradbury: Fahrenheit 451.


- Salvador Elizondo: Farabeauf, La escritura obsesiva.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Mis viajes de ficción

Hace un año -casi por estos dias- vi por primera vez el mar, por increible que parezca no conocia el mar. Todos los que somos lectores sabemos de entrada que lo que tenemos que cargar, antes de cualquier otra cosa, son lo titulos que nos dispondremos a leer en el viaje (viajes dentro de viajes), lo demas no importa. Libros y mi inseparable cuaderno de notas, pense y pienso simpre. Para ese viaje, mi primera vista al mar, me eche al bolso dos libros. Uno era la novela que leia por cuarta o quinta vez: Corazon tan blanco de mi inseparable Javier Marías; el otro, un ensayo de Vargas Llosa dedicado a Juan Carlos Onetti: El viaje a la ficción.



Yo he leido casi todos los libros de ensayos de Mario Vargas Llosa y por lo tanto no me tiembla la voz para reafirmar que mis gustos los ha pulido Varguitas,  me ha ayudado tanto a pulirlos. El viaje que iniciaba por la noche me mecio hasta los mas profundos sueños. Desperte a las 6 am y ya comenzaba a amanecer. Abri el libro de Vargas Llosa y no pare más que para ver por primera vez el mar. Mi madre me aviso "ven a ver", me grito desde su asiento. Yo regrese prendido en un extasis a seguir con mi lectura y con la espera para llegar y aventarme al mar con todo y ropa.





En ese libro yo me encontre por primera vez con el creador de un mundo solido y concreto en el mundo narrativo, un mundo que me encanta y que conozco perfectamente como paralelo de este otro que es realidad-real. Asi que conoci a Onetti grande por medio de otro grande Vargas Llosa. Y tarde tiempo en asimilarlo. Pero quien me comprenda y comprenda el mundo de ficciones sabra que con el tiempo el arte narrativo y lo que permanece inconsciente en uno termina por encontrarlo a uno, o en re encontrarlo.
Hoy recibio Vargas Llosa su galardon, El Nobel. Y justo hoy, cuando hace un año se cimentaba el presente, me hice de un tomo genial, ese tipo de libros que me gustan por razones diversas que vendran al caso en diferentes opiniones futuras, de los "Cuentos Completos" de Onetti. No me planteo problemas nunca, por que mi pensamiento es literario, pero creo que la cadena de escritores no es más que la respuesta de que en lengua española y en todas las lenguas, todos los escritores estamos escribiendo en el mismo libro.     

jueves, 21 de octubre de 2010

Nirvana hacia Bolaño

Según un estudio comparativo reciente, que se llevo a cabo en el "Restaurante-Bar El Jarroto" -lugar de lugares horrendos donde los haya-, entre la obra Cobainiana -Nirvana en conjunto- y la obra Bolañiana. En los puntos tratados se llego a la siguiente conclusión inconclusa y muy carente de fundamentos:

Bleach - Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce
Incesticide - La literatura nazi en América (y por ende Estrella Distante)
Nevermind - Los detectives salvajes
In utero - 2666
Unplugged - La universidad desconocida
From the muddy banks of the whishkah - Cuentos

El encuentro, que se llevo a cabo a puerta cerrada, contó con la presencia de infames personalidades que, teniendo como común denominador su fascinacion tanto por la obra de un cantante de rock y un escritor, nunca supusieron nada de lo anterior que se expone renglones arriba y que me di a la tarea de recopilar como anonima presencia. ¡Salud por estos que me ordenaron, sin yo pedirlo ni necesitarlo, los oidos y los ojos!

lunes, 18 de octubre de 2010

Perdida de la novela (11:45 18 oct 2010)

Javier Marías en diferentes artículos manifiesta su desprecio por la tecnología: no trabaja en computadora e ignora el email. Son robos, perdidas. Hoy he perdido la novela en la que trabajaba desde hace dos años. Recuerdo la perdida que sufrió la literatura cuando, en un viaje, con todo lo que había escrito Hemingway, la entonces esposa, le perdió la maleta que los contenía, y ya nadie nunca leerá lo que escribió y que siempre dijo: era más genial que lo que di después. No se si mi novela era tan genial pero sé, nadie nunca la leerá.

Ahora solo sé que el remedio a este "mi propio desatre" es aquel consejo que nunca olvido, y que en su momento le pidiera un aspirante a escritor al mismisimo Shandy regiomontano, Alfonso Reyes: escribir, escribir, escribir. 

miércoles, 11 de agosto de 2010

Poéticas de lector

Ahora que escribo esto (mientras voy leyéndolo y corrigiéndolo -en la medida de lo posible, no se puede escribir sin corregir pero tampoco corrigiendo hasta el exceso-) siguen en mi mente, como canica en una esfera y ésta en una pelota y la pelota en un inflable circular enorme: una pelota de pandora mental, siguen rebotando los cuentos que de un tiempo a este día he venido leyendo. Cuentos perfectamente cerrados y que dejan siempre, por la manía de contarlo todo, al lector en un estado abierto y con las ganas de desarmarlo todo y volverlo a armar, colocando las piezas tan sueltas y tan bien definidas que, sin duda, al lugar y a la forma que nos guiarían seria a su forma original, la forma que desde el principio el autor le había diseñado.
Me parece que en la disparidad de autores -autores geniales de disparidades geniales- esta siempre en vuelo la poética propia del lector, una poética, por lo regular, nunca escrita: desden de críticos desdeñados.
Los libros de cuentos, los cuentos y los autores de los que hablo -al tiempo que hablo de mi experiencia poética de lector- son: Julio Cortazar Octaedro: Liliana llorando, un perfecto poema hacia la muerte y Los pasos en las huellas, una historia tensa del escribir a partir de mediums controladores; y los Cuentos de Roberto Bolaño, este segundo me ha permitido encerrarme en esta ciudad que bien podríamos rebautizar con el nombre de Distrito Infernal.

En el caso de Bolaño hay algo que en ocasiones me enerva y es que los lectores suelen admitir su postura de enervados antes incluso de leerlo. Después -después de leerlo, digo- su conducta cambia con un rumbo interno y no desde afuera, o desde donde se construyo ese interior. Piensan que la cotidianidad en las historias de Bolaño es tan cotidiana que el autor no tuvo que lidiar con las fieras dificiles del domar: las del orden y la forma, más aun con las de la elegancia en una prosa tan personal como inimitable.
En Bolaño todo el desmadre, la sangre, el sudor y el semen no son nunca gratuitos. Y es por que están construidos desde el desmadre, la sangre, el sudor y el semen del que un autor hace acopio en pos de un orden para vertirlos en su prosa. Por supuesto hay quien solo ve -digo ve, no lee- estampas de sus demás libros sin descubrir nunca el orden tan pulcro de la narrativa de Bolaño, una narrativa que encuentra su partida interna -su argumento- poblada de personajes fascinantemente desordenados y sucios. Salvajes la mayoría. O como diría su amigo Mario Santiago: Sin timon y en el delirio.

En Cortazar -mi reencuentro desde su Rayuela que leí desde una forma desordenada o tanto como la pudiera lograr e imaginar, llegando a la misma conclusión: No hay conclusión- hay el cuento preciso de innumerables variables, tantas como el lector posea o logre y anhele poseer. En Cortazar vive siempre una poética del orden y la reordenación. En un tercer cuento, que no menciono arriba, Manuscrito hallado en un bolsillo la lectura es capaz de llegar hasta donde el lector la logre o pueda elevarla, aun así el cuento admite la lectura, digamos, superficial y nunca pierde en nada. Un cuento donde las sonrisas del amor y sus reflejos o sus reflejos en sonrisas son los personajes principales: maniático y amoroso. 
En estos dos autores la prosa genial reviste una prosa aun mas profunda: la prosa imaginada del lector. Cuentos que miran al exterior desde un interior siempre en metamorfosis. Escrituras tan logradas que excitan e incitan en cada relectura según quiera elevarlas la poética del lector. 
    

lunes, 2 de agosto de 2010

Imaginación confabulada dentro de la ficción

46c 356.- Mi "estado mental", el "saber", no me da garantía algúna sobre lo que va a suceder. Pero consiste en lo siguiente: no comprendería dónde podria fijarse una duda, dónde sería posible una revisión.

                                                                                Sobre la Certeza
                                                                                Ludwig Wittgenstein



En la pagina 180 de La trilogía de Nueva York de Paul Auster en Anagrama de su colección Panorama de Narrativas, leo lo siguiente:
Dos días más tarde Azul va por la mañana temprano a la oficina de correos de Brooklyn, un edificio como un gran castillo desde el cual se divisa el puente de Manhattan.


El objeto de esta acción gira en torno a encontrar -en cazarle- a Blanco, el personaje que, llegados a esta pagina -de la segunda novela Fantasmas que se integra en esta trilogía- es un desconocido que ha encomendado a Azul una misión que, a este punto, no tenemos muy claro que misión es la que se encomendó o con que fin se encomendó, somos una parte de Azul y como él mismo no sabemos. Por el narrador nos enteramos que, el único encargo, de momento, es observar a Negro. Azul se conflictua y teoriza apartir de su imaginación, por el encargo de Blanco y el fin de buscarlo en Negro. Negro es un hombre, hasta este punto sencillo o que no ha dado motivos de interpretación a Azul, es aburrido desde la visión que tenemos de él. Es un escritor que lee a Thoreau: Walden, específicamente. Azul se va hartando de llenar, parcamente, informes que tiene como destinatario a Blanco, acerca y de todo lo relacionado con las actividades de Negro.
La trama, interesantisima, crea un filo donde, la teoría del iceberg, de Hemingway, es explotada y fusionada con una maestría Austeriana, presente este efecto en las otras dos novelas de esta Trilogía y en otras novelas del mismo Auster, creadas en lo completo de lo incompleto y acompañadas siempre de un azar en cada punto.
En un azar de estos puntos Azul ha llegado a una ruptura personal -de nervios: saber lo que hace Blanco con la parquedad de la información proporcionada por él; y sentimental: a visto por la calle a la futura señora Azul, tomada por los dos brazos del brazo de un desconocido.Escena total que encuentra su auge en un solo párrafo. Aunque la futura señora Azul se nos mencionaba constantemente en el pensamiento como un dolor para el mismo Azul -el dolor de estar y no estar- en este párrafo es donde se nos aparece la señora Azul para desapareceren el mismo párrafo: Es hora de volver la pagina, nos dice el narrador a traves del pensamiento de Azul.


Todo esto, si hasta aquí llevas leído y entendido querido lector, llamó mi atención hacia otra novela; una novela que leí antes aunque en la linea del tiempo histórico se escribiera después: Corazón tan blanco, de Javier Marías. La fecha de la edición original de Fantasmas fue en 1986; la de Corazón tan blanco en 1992. Aquí lo interesante no son las fechas reales de sus respectivas ediciones. Lo interesante son los espacios internos, los acercamientos literarios entre una novela y otra.

 En mi edición de Corazón tan blanco -poseo dos: una, la mas reciente, de Critica en su colección Clásicos y Modernos con un estudio de Elide Pittarello; y la otra en su edición original de Anagrama de la colección Narrativas Hispánicas, está es la que ocupo para referencia de lo que viene a continuación- llama mi atención lo escrito por Marías en la pagina 182 donde se lee lo siguiente:
Tres veces fui a la estación de correos de Kenmore Station.


En esta el narrador en primera persona hace referencia en ubicarse también para presentarse en determinado apartado postal -lo mismo que hace Azul en Fantasmas él a la espera de Blanco; el narrador de Corazón tan blanco esperando al anónimo Bill que con vídeos va ligando las atenciones de Berta, el amor antiguo y con quien el narrador tiene ahora una relación de amistad madura, al grado de ser inquilino en casa de está por el tiempo que él tiene que pasar en Nueva York, los motivos: trabajo de traductor con diferentes cargos políticos.


Mi atención, como dije arriba, se centro en la coincidencia de espacios más allá en las acciones narradas y más allá en las referencias en el numero de paginas; tan solo son dos las que se diferencian de un libro y de otro. En Fantasmas la 180 y en Corazón tan blanco la 182. Mi duda primera fue saber si Azul el personaje central el Fantasmas pudo haberse topado con Juan, el narrador de Corazón tan blanco, no en un tiempo real sino en uno, perdón la modestia, meta-literario.
El cruce de personajes diferentes, de novelas diferentes, en una misma acción, a solo dos paginas de distancia y de seis años reales, la acción de esperar o atender a la espera y con la vista fija en un determinado apartado de correos: en Fantasmas el apartado de Blanco numero 1001; en Corazón tan blanco el apartado del anónimo Bill -el ligador que le ha mandado los vídeos a Berta- P.O.BOX 524.
Para aclararme ciertos huecos -saber si la oficina de correos podía ser la misma en la realidad- consulte en Internet (todos los apuntes, hasta aquí, los llevaba en mi Moleskine o cuaderno de notas).
Kenmore Station, como oficina de correos, aparece localizada (estamos en la realidad-real) en Boston. Eso fue lo que me apareció en el buscador google cuando teclee: Kenmore Station Nueva York. Nunca pude ver la estación y por lo tanto no esta confirmado, nunca abrí la pestaña con la dirección: www.yelowpages.com/.../usps-unitedstates-post-ofice-kenmore-station. Mas abajo, hasta abajo de las direcciones web que despliega google encontré una pestaña donde Kenmore aparecía como un distrito de Nueva York, de la estación postal mencionada por Marías o por Juan o en todo caso donde Juan esperaba a Bill, nada. Por supuesto las referencias reales, como he venido escribiendo no eran lo que me interesaba, la solución literaria existía desde un principio: Juan y Azul nunca se cruzan directa-mente -cuerpo con cuerpo; pero si mirada con mirada- están en la misma estación postal y separados por 500 o menos apartados repartidos como nichos. Uno y otro dudan de ver en sus respectivos lugares a quien supuestamente esperan -Juan a Bill, Azul a Blanco-. Esto significa que la literatura a montado en sus respectivos sitios a una mezcla heterogenea de personajes. Esto significa que en la imaginación del lector -yo, nosotros-, los dioses y las musas han puesto en la mesa un banquete, donde los deicidas como lo somos todos los que escribimos solo podemos tener la certeza de que nuestras dudas, como dijera Wittgenstein, tenemos que fijarlas para revisarlas. Y, por qué no, re-imaginarlas en otras voces y otros ámbitos.  

Las libertades y logros de la ficción son estos y esos que platique en alguna ocasión con Alvaro Enrigue. En aquella ocasión le comente que él había situado un cuento de sus Virtudes Capitales cerca de donde yo vivo, en la colonia Postal inventandose el nombre de una calle que yo busque como loco. Una calle que él se había inventado apartir de la asociación del espacio, me aclaro además que, la casa donde se desarrollaba la narración era una casa ubicada originalmente en Coyoacan. Los escenarios, los personajes y el tiempo se mezclaron para dar origen a El amigo del Héroe. En esa ocasión el cruce me había interesado por la realidad inmediata: el gran logro de las literaturas. Algo parecido me sucede cuando releo a Roberto Bolaño en Los Detectives Salvajes y en varios de sus cuentos.
Pero el cruce de escenarios, personajes, acciones y paginas dentro de la literatura, entre dos autores y novelas diferentes -diferentes desde su exterioridad real- nunca se me había presentado para crearme como detective rehacedor interno de las mismas, en mi imaginación. En un espacio tan reducido dentro de las acciones de estas novelas y tan amplio en sugerencias por esta y todas las literaturas, uno solo puede pensar que el caso aun no esta cerrado.          


 


miércoles, 28 de julio de 2010

Ser fantasma enmedio del vacio

Sin que a nadie importe (por que solo puede importarme a mi), hoy me he paseado por media ciudad (siguiendo los pasos de mi anterior entrada blog, osea siguiendo mis propios pasos), una media ciudad por donde, me di cuenta, no se puede pasear. Me refiero al paseo o caminata como reflexión. Aun así pude reflexionar, caminar y pasear a mi antojo -aun a sabiendas de no poder hacerlo lo logre, como quien experimenta pensar en suicidarse, (a sabiendas de que podían atropellarme en algún instante, o robarme -nunca traigo dinero, no se bien que podrían robarme- o, simplemente, como termino ocurriendo, ignorarme por el mero hecho de existir), un suicidio que, de una forma u otra, todos decidimos dar por hecho y seguir con nuestra vida, si es que nos quedo algo de ella.
En verdad nada malo me sucedió y si pude descubrir ciertos rasgos muertos que resucite hoy en mi.
En el documental a Bolaño Bolaño Cercano Vila-Matas recuerda ser excesivamente aislado, lo que hace que, cualquier encuentro con la realidad, se convierta en un acontecimiento de exquisitas diversiones, E.V.M recuerda a un Bolaño muy parecido: muy aislado y muy sociable.
Hoy media ciudad se volvió complice, sin saberlo, de mi. Nada hay que cause mayor gusto que saberse fantasma. Ningún auto me pitorreo en los oídos, la señora de una tienda no me vendió cigarros (¿era sorda?), la maquina del metrobus no se trago mi dinero y una chica buenisima no reclamo mi mirada. Si, practicamente una salida fantasmal.
Llegando a la librería Castellanos el policía no se percato de que entre fumando (fantasma yo mismo, para mi, o no tanto por que siempre entro con cigarro a varios lugares -voy en mi cabeza, en mis ideas- y me terminan sacando -insultos incluidos-). Observe la mesa de novedades. Solo llamo mi atención una edición poca madre de Dracula -que en todo caso no es novedad-, carisima y poco probable comprarla -menos sin dinero, o con lo justo para llevar algún otro-. En la sección de poesía -pobre en cantidad para una librería tan grande-, un libro de Pierre Louys y otro de Mario Santiago fueron el retorno a mi condición de lector. Uno de Charles Baudelaire, mi compra: solo diez pesos. No sé si se equivocarian al etiquetarlo o en este país esos libros ya no se venden, no dude en comprarlo El Spleen de París. Llegue a la caja y un librero, el cajero, con cara de pocos amigos pestañeo al ver el precio, llamo al subgerente para aclarar la situación esté llamo al gerente y esté a las oficinas mismas del FCE para aclarar el imprevisto: si, son los saldos, les aclaro a todos -yo incluido-. El cajero, a regañadientes, me cobro el libro. Yo no sabia si molesto por que me lo llevaba yo y no él o por que estuviera tan barato y no poderlo entender.
Salí de la librería, decidido y con Baudelaire en las manos, pero tan pronto llegue a la salida -que es lo mismo que la entrada: para el que llega entrada, para el que se va salida- real, de vuelta a mi mundo fantasmal -yo, como el fantasma-, no supe que hacer o a donde ir, ni siquiera donde hojear mi libro. Encendí un cigarro y camine con paso de escritor (no se como explicarlo pero desde que vi como camina Vila-Matas, yo, camino i-g-u-a-l). El cigarro que encendí era el ultimo de mi cajetilla, no tenia mas, recordé a la señora de la tienda, la culpable.
Me sentí tan solo como pudo sentirse Sergio Pitol en la primera Barcelona que le toco vivir. Me sentí tan solo y comenzo a acompañarme el recuerdo de diferentes anécdotas escritas en su Diario de Escudrillers presentes para siempre en El Arte de la Fuga. Me sentí acompañado por recordar a Pitol. Recordé también una anécdota de Vila.Matas: Pitol fue el único escritor que me escucho y que me preguntaba por mis intereses. Yo mismo constate ese interés de Pitol, no me queda mas que repetir las palabras de Vila-Matas, ahora dichas por mi: Pitol es el único escritor que me ha escuchado y que me ha preguntado por mis intereses literarios.
Lo recuerdo en esa misma librería Castellanos, dispuesto a firmarme El Mago de Viena en su edición de Pre-Textos, una edición que sé que fascina a Pitol. Lo recuerdo escuchándome y sentándose al filo del estrado desde donde acababa de terminar una conferencia de E.V.M. Le dije que tenia todos sus libros, cosa que, no se por qué dije, a sabiendas de que costaría mucho trabajo dar con todos (sus excelentes traducciones entre ellos). Me miro y me dijo, apuntando su dedo índice a la frente, que se encontraba un poco mal, por los tratamientos médicos. Pero me escucho con mucha atención y paciencia, cómo si yo pudiera decirle algo nuevo. Algo nuevo a un premio Cervantes, vaya cosa.
Entiendo a E.V.M cuando dijo que fue el único escritor que lo escuchó. Es increíble haber estado frente a creador de tantos textos. Textos que considero hilan mi mundo. Una pasión por las letras de Pitol que no considero callarme nunca. El único escritor publicado que me ha escuchado. Me observo como quien observa a alguien que no logra recordar de dónde conoce, me dijo que, una editorial, de cuyo nombre no quizo acordarse, publicaría proximamente un libro de ensayos, entrevistas y demás injertos en el injerto tan heterogeneo de su obra. yo estaba nervioso y emocionado, nunca algún escritor me había dado la primicia por la edición de un libro con tan desinteresado asombro, me gusto el modo de Sergio Pitol y la guayabera muy al estilo que llevaba, muy al estilo de la que llevo Garcia Marquez a Estocolmo en la recepción de su Nobel.
Me sentí acompañado de pensar en esa ocasión -voy siempre en mi cabeza-, aunque, en la practica seguía llendo igual de solo como he andado siempre por esas calles de la Condesa y la Roma, que, no se por que he transitado tanto si son tan aburridas. Quizá por que es el recorrido de regreso después de andar en librerías. O quizá también, por que inconscientemente andaba tras los paso de Cesárea Tinajero, Arturo Belano y Ulises Lima; tras sus pasos fantasmales de la calle Colima, de la Roma; o detrás del fantasma loco de Quim en la Narvarte saludado por un chino sordo-mudo.
-Hola-Quim.
-Hola-el chino sordo-mudo.
Me sentí acompañado por esos personajes de Los Detectives Salvajes; fantasmales en mi cabeza y yo cada vez más fantasma de la realidad, por gusto propio y otras no tan propio como de la realidad de los fantasmas reales. Transeúntes culpables de nada y señoras sordas (como el chino-y supongo que también muda-, o no, la señora como el chino, ni sordos ni mudos) culpables de mi cajetilla vacía: Humo en la retorica de su propio humo.           

Ciudad de México, un detective salvaje más

Madame Bovary es un logro más de Flaubert: la animación de los objetos. Con él el realismo desbordo su contenido: mostrarnos la paranoia de quien escribe y de quien lee, mostrarnos que nada es gratuito al escribir tal o cual cosa. Por supuesto en su tiempo esto paso desapercibido. El escandalo se centro en los amoríos adúlteros de una mujer condenada por si misma. Cuando Flaubert sentencio: Madame Bovary soy yo. Nadie se tomo en serio tal afirmación. Ahora sabemos que no estaba errado y que tal afirmacion es hoy respuesta clave en el texto de cualquier autor: somos y dejamos de ser el texto que escribimos, de ahí el enfrentamiento constante de un autor con sus creaciones.
Esos dos puntos Flaubertianos son los que en principio me interesaron de una novela como Los Detectives Salvajes: los objetos en animación, en este caso la Ciudad de México como personaje centro de un lugar que no solo sirve de escenario; y diversas opiniones dentro de la novela, donde el juego hacia la realidad juzgó y sigue juzgando a su autor a la distancia. 
A Roberto Bolaño se le cuestionaba, después de Los Detectives Salvajes, su postura ante la obra Paciana. Como si el entrevistador, al que tuviera enfrente fuera a Arturo Belano, y no a Roberto Bolaño. Por supuesto él respondía desde Bolaño y no desde Belano, aunque eran las respuestas de esté las que el entrevistador buscaba. Respuestas que el mismo Bolaño le pudo haber dado en persona cuando nadie sabia de él, a los 20-24 años, pero que ahora, en el instante de la entrevista, solicitaba pedírselas a la lectura de Los Detectives Salvajes. En la novela se encuentra lo que es y lo que no es. No solo el ser y no ser de la opinión de Bolaño acerca de Octavio Paz, sino de todo lo que circula en las paginas de una novela que, por inmediata -personalmente-, crea su propio mundo. Crea su propia Ciudad de México, alternada con los escenarios en otros países. El Distrito Federal se convierte en un detective salvaje más. Ningún otro escenario hubiera sido un protagonista tan activo y tan mierda, tan real y viceral. La ciudad en la novela es el poema realviceralista que los real-viceralistas (o viscerealistas o viceralrealistas) cuajaron, a su modo cada quien. Bolaño no tenia de otra por que él mismo se veía en una poesía dentro de la prosa, escondida, buscada y a la que le toco toparse de jeta como un santo. Una ciudad que conocía hasta la exahustividad, por que en la edad que tengo y tiene, por siempre, Forever Young Arturo Belano, uno no quiere hacer otra cosa, más que suponer que hay que largarse siempre, sin timón y a la deriva y en el delirio You know you´re right, ahora, y escribir, o como quieras.

martes, 15 de junio de 2010

Mi compra, solo, de palabras


Nadie, hasta el día de hoy, absolutamente nadie, sabe de que trata el Finnegans Wake, de James Joyce -hay pistas, claro-. ¡Paralizado! Doy vueltas alrededor de mi casa, voy a mi habitación y busco un titulo de mi biblioteca (mi amada biblioteca que se va pareciendo a un recetario de suculenta locura deliciosa), un titulo de Salvador Elizondo "Teoría del Infierno y otros ensayos", un libro donde se encuentra la primera pagina de Finnegans Wake traducida al español; en el "Prologo A Posteriori" se leé lo siguiente:

En el caso de Joyce, por ejemplo, pensaba entonces[refiriéndose al tiempo en el que escribió la selección de los textos que se encuentran en este libro, y por ende a la traduccion de la primera pagina del Finnegans Wake] que la "traducción" de Finnegans Wake era posible; hoy pienso que es innecesaria...

Casi integras se me aparecieron estas lineas en la cabeza la tarde de hoy en que me tope con el libro en una librería al sur de la ciudad. Un caso extraño encontrar un libro de gran tamaño y del que nadie se ha puesto de acuerdo qué es, a más de 60 años de su publicación. Un libro que posee todas las voces y donde por información del mismo Joyce los tres centros de esta, su obra, son: el sueño, la historia y la muerte. No dude en ir y pagar en la caja el precio por algo que de cierta forma no sabia que estaba comprando.

Nadie, hasta el día de hoy, absolutamente nadie sabe de que trata el Finnegas Wake, de James Joyce -hay pistas, claro-. ¡Paralizado! Reabro el libro de Elizondo para encontrarme la respuesta -como una pista, claro- mas perfecta que he encontrado y a la que he recurrido en innumerables veces, lo mas sublime de ese ensayo que dedica a Ulisses y con el que cierra y cierro esta entrada:

[...] la obra literaria, la condición en que medra el espíritu, el Hombre y la condición del Escritor para quien el mundo está hecho sólo de palabras.