domingo, 11 de septiembre de 2011

Anécdota de los poetas

A Ramón Méndez Estrada

4 de la mañana. Salió, muy bien bañado, limpiecito y emputadisimo, a abrirnos la puerta. Fue la primera vez que lo vi y que él me veía a mí. Siempre me pareció un don nadie, pero admire su disciplina. No, no exactamente la admire. Pero oye, despertarse a las cuatro de la mañana para ponerse, desde esa hora, a escribir es que si tenia una disciplina romana. Me lo presento esa ocasión el amigo que los dos tendríamos para siempre en común, hasta el ultimo de sus días. Él lo dice varias veces en entrevistas escritas y en las pocas donde se lo preguntan en la televisión.  Y te explico esto porque tú me lo preguntas, pero yo ya lo tengo muy olvidado, o no tanto. Siempre sucede que uno rasca en la memoria y le aparecen mil chingaderas ¿o no? Pero te digo, él después se largo y en ese transcurso no me volví a enterar de él, más que por nuestro mejor amigo en común. Después vino el éxito de su novela, en donde a varios nos trata como payasos. Y cuando me preguntaban por él –en otro tono claro, del que tú me preguntas-  yo siempre respondía –y aun hoy respondo-: ¡Ese se volvió un común burócrata intelectual! La logro, la hizo, claro, ¡pero a que costo¡ En la novela esa, nos asesina a varios. Una vez yendo yo hace unos años con uno de esos “asesinados” cruzamos, borrachísimos, pedisimos, el Viaducto por debajo, caminamos varios tramos, como si camináramos por el infierno y tuviéramos un pase especial, por donde van los coches y en determinado punto me di vuelta –por que tienes que caminar por una orillita y, o vas adelante o vas atrás, todos los coches te pasan a centímetros-  y le dije al otro: Mira, tu y yo estamos muertos en la novela de ese cabron y justo ahora estamos más vivos que él que la escribió. Nos cagabamos de risa, con los coches ahí pasando cerquita de uno, son una mierda los conductores, nos destornillábamos de risa cabron. Pero así son las cosas en esta pinche rueda. Hay que reconocerle que lo hizo, lo logro, se aclimato e hizo relaciones, era dedicado con la leprosa, la trabajaba, era un mal poeta, no era paciente, él se decía poeta pero era por el gran respeto que siempre tuvo por nuestro mejor amigo en común que si era en verdad poeta un torrente, un torbellino cabron.
Y te digo, llegue con él esa vez a las cuatro de la mañana, borrachísimos los dos. Nos abrió y pasamos a un cuarto que estaba hasta el final, vi muchos papeles, intentos de muchas cosas, como si todos fueran borradores, borradores que ardían de solo verlos. Y él emputadisimo de que lo sacáramos de su jugada, pero se fue calmando y platicamos, platicamos bastante los tres, de poesía y de la mierda que no sirve, la mierda que no es poesía y nos pitorreamos de varios, para que te los nombro, la lista no acabaría. Se acababan sus Delicados; yo traía otra caja, se acababan los míos; el poeta traía otra, y después seguimos platicando, ya sin cigarros. El poeta y yo con tragos hidalgos de tequila, él no tomaba pero de vez en cuando le daba sorbos al caballito que el poeta le había servido.  El poeta era nuestro único rasgo en común, lo fue siempre. A veces te enamoras de la misma escuincla de la que se enamoro tu amigo; en este caso nuestro mejor amigo era el mismo, y la escuincla se llamaba Poesía, nos la queríamos tirar todo el día pero ella escogía con quien y escogía a nuestro amigo, el poeta, o nos escogía de vez en cuando a nosotros, una puta la literatura.
Te digo que no me lleve mal con él, aunque él me llego a tener cierta distancia, no se, muy loco por momentos ese cabron.  En cambio, a donde llegaba mi amigo el poeta la gente lo adoraba o lo detestaba a los 2 minutos, con el nada de medias tintas. Seguro que nunca me hubiera retratado en una novela –por que la leprosa no le importaba- como si me retrato el otro, que en una parte hasta dice: Habla hasta por los codos. Y eso no me gusto, por que yo no me la pasaba hable y hable, ahora si, ahora parezco una pinche cotorra.
El movimiento lo iniciamos el poeta, mi hermano, yo y él que seria el único que todo mundo reconoce. Aunque yo nunca lo vi con tantos amigos o amigas, ahora todo el mundo dice que lo conoció y que esto y que lo otro, pero son puras mamadas, ahora si,  ahora todo mundo quiere subirse al tren. Éramos más amigueros mi hermano y yo, pero solo nos voltearon a ver hasta que dijeron: ¡Esos son los personajes de la novela! ¡Pero yo que chingado personaje de novela voy a ser!¡Yo soy poeta cabron! Mi hermano, que en paz descanse, también ¡un chingon mi carnal! Un personaje de novela ¡váyanse a la verga!
Si, he tenido varios de sus libros en las manos y si, escribe muy buena leprosa, pero todos estábamos en el mismo barco. Esto es así cabron, los movimientos literarios y las escuelas valen madre a la hora de los putazos, por eso dije, y digo: ¡ese cabron se volvió un burócrata intelectual!
¿Quieres un trago cabron?
Ya dejemos de hablar de él y de la movida, te digo, puede que ya lo haya olvidado todo, o no todo, pero mira, ninguno dejo un solo día de escribir: el poeta, mi hermano y ese cabron –cada uno poeta, a su manera-, es nuestro rasgo distintivo, yo, de ese grupo, soy el único que queda. Medio mundo se sube al tren, el hambre de fama cabron, el hambre de fama a todos los vuelve pendejos.
¿Tienes tiempo cabron? Quiero leerte un poema.
Abrio un folder de plástico, saco dos hojas y, tambaleándose, comenzó a recitar con una voz cavernosa que cerca del grito conjuro el orden en un verso, el rasgo distintivo de estar vivo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Conferencia (cancelada) sobre como escribir


Hay un libro que cabe en la bolsa del pantalón, lo prefiero porque tengo pocos abrigos, y no tengo muchos abrigos precisamente, para no llevar libros grandes, no hay nada de mayor mal gusto que un libro grande de aquí para allá; solo llevan libros enormes de aquí para allá, dentro de una ciudad: o los universitarios que nunca serán nada o las solteronas que quieren seguir siéndolo. En fin, el libro del que hablo es un libro que incluso cabe en la ropa interior de cualquier chica, y eso creo que es más que suficiente para que yo hable de él, lo elogie y lo imagine en su lugar indicado.  Aunque, llegados a este punto, imaginando que mi biblioteca está a un lado de mí, veo que no es solo ese título –el del que en un principio quería privatizar el tema  en esta conferencia-  el que cumple con esos atributos, el de la portabilidad y la tangabilidad. Ejemplo: un libro grande es imposible llevarlo hasta el fin del mundo, por el contrario, con un libro pequeño uno puede ingresar al fin del mundo o a la casa de la novia y seguir siendo escritor o papanatas que en cualquier instante huye al libro, el caso es que sea viable llevar un libro siempre, como un arma que nunca se sabe cuándo se pueda utilizar, de eso se trata, de saber que hay siempre mejores cosas en el bolsillo que una plática con un simio que transcurre con sus miserias rutinarias frente a nosotros. Cuando les hablo de libros grandes o libros de abrigo pienso en los siguientes: Tirant lo Blanc, Gargantua y Pantagruel, Don Quijote de la Mancha, Tristram Shandy, 2666 –solo grandezas grandes- . Cuando pienso en libros de tanga me imagino los siguientes –y me los imagino incluso con las diferentes variaciones de color en una tanga-: “Aforismos”, de Lichtemberg;  “Novela como nube”, de Gilberto Owen;  “El libro vacio”, de Josefina Vicens;  toda la colección de Letras Mexicanas, y en especial: Farabeuf  y Pedro Paramo; “Estrella distante”, de Roberto Bolaño; o ese libro que inaugura una extraña manera de imaginar como a uno le plazca el más sublime portatilismo: “Historia abreviada de la literatura portátil”, de E.V.M. Ahora, y justo cuando he dado ejemplos, creo que, al paso, surgió otra clasificación, la del libro como cartera de preservativos que son esos libros que nadie debe enterarse que traes, incluso nadie debe enterarse que has leído  –justo como una cartera de preservativos, si es que aun tienes sentido del decoro frente a la chica que piensas tirarte-. Y cuando les acabo de decir eso me viene a la cabeza, como un rayo, las “Cartas a un joven poeta”, de Rilke y que son la mejor manera de saber que, a lo que te dedicaras –la literatura- no te puedes andar con medias tintas, o te lanzas o mejor largarte a bordar florecitas. Como esa cartera de preservativos que ya que sacaste, la está viendo tu chica y sabe que no hay vuelta atrás y lo sabes tú, y los dos lo disfrutan. Así son esos libros pequeños, preservatiricios, los lees y no hay marcha atrás, y lo disfrutas. “El matrimonio entre el cielo y el Infierno”, de Blake –de preferencia en la traducción de Villaurrutia- es otro ejemplo.
Pero yo no vine a hablarte solo de libros, porque esa es una plática que debes mantener contigo mismo o misma, con tus tangas y con tus abrigos. Yo vine a hablarte del poder de llevarte la literatura a la cama y de despertar pensando en literatura porque me dijeron que diera una conferencia sobre: cómo escribir. Y aquí estoy muerto de nervios pero frente a ti diciéndote que hay que ser muy putamente valiente para escribir lo que sea, desde la lista del súper hasta la obra maestra, que son cosas que en su arbitrariedad tienen el orden propio que, en otros términos se llama ESTILO, tu forma única de narrar un suceso. Y me sentaron en esta mesa con dos botellas de agua por que supongo que desean que mi estilo sea huir para ir a orinar y para huir y no decirte lo que te voy a decir, pero mira, no he tocado las botellas de agua y no pienso ir a orinar así que te lo voy a decir todo, hasta lo que no te va a gustar.
Si piensas en que puedes tírate a la Miss universo de este año, vas por buen camino, serás escritor. Si piensas que ganaras dinero y serás multimillonario, lo siento, lo tuyo entonces es vender puercos muertos –y ser infeliz, además-. Para escribir lo que necesitas es: papel y lápiz, lo demás depende de ti y de tu valentía, de si en verdad tienes capacidad de fabular, de mentir elegantemente, de ser mil sin dejar de ser tú.  Mira, a mí no me han publicado aun y yo ya sabía, desde que era un homúnculo, que sería escritor; por otro lado déjame hacer un paréntesis aquí (si me publican o no me publican me importa un carajo, yo escribo y no tengo duda de lo que estoy haciendo). Es muy duro escribir, pero más duro seria vivir sin hacerlo. Escribir me quita el dolor de cabeza, me permite alejarme de los estúpidos y estúpidas en este tiempo de estupidez constante, confió en que nadie se ofenda por lo anterior. Mis compañeros anteriores expusieron sus puntos a partir del género que cada uno cultiva, yo tengo que decir que soy el des-generado, en mi las fronteras no existen con un plan determinado –si lo supiera me aburriría- yo veo los géneros como la paz de las academias –que por otro lado, ni así logran la paz-; la literatura no es etiqueta, la prueba es que los libros de Sergio Pitol, mi maestro, no saben nunca donde acomodarlos los libreros y menos los académicos forenses. Yo voy del ensayo al cuento –o viceversa- y me muevo en el segundero del destello poético para satirizar lo que requiere demasiado respeto o al contrario. No hago caso de géneros y la prueba es que llevo 4 nano-cuentos en lo que llevo dicho y tú ni en cuenta.
Sigamos. Hace unos días, cuando me proponían venir a hablar de mí en este espacio, quien lo hacía y a quien estimo mucho, me dijo: Se trata de leer dos cuartillas sobre cómo escribir. Me vote de risa, me revolqué de risa. Hecho, le dije. Llegue a casa y escribí 20 cuartillas, tire a la basura 18 que no servían para nada de lo que les he dicho. Quizá el ejemplo no les cale a ustedes, o si, quizá es un ejemplo de lo que supone escribir, de lo que escribes, de lo que logras escribir, solamente el 2 por ciento es público, solamente el 1 % lo escuchara y el .1 por ciento lo entenderá, no se ofendan, pero así es la literatura. Y también es humor –algo de lo que mis compañeros evitaron hablar-, si no hay humor pocas veces se sostiene una narración o un poema o incluso un twitter, un ensayo sin humor no es ensayo –léase Monsiváis-, la dosificación de la ironía circula en la mejor literatura –léase la mejor literatura-. 
Puedo decirte, llegados a este punto, que no hay recetas, ni formulas ni condiciones para crear buena literatura. También puedo decirte sinceramente que escribas y escribas, y que tires también mucho de lo que escribes, que encuentres eso que eres y que se llama ESTILO.  Digo que dice Vargas Llosa que dice Flaubert: Escribir es una manera de vivir. Y vivir es una manera de escribir: ¡Vive!