lunes, 14 de noviembre de 2011

Sabanas de cocaína




 No sé ustedes pero yo opino que los escritores de hoy debemos preocuparnos más por ser estrellas de rock. Digamos que los escritores de “pipa y pantuflas”, como los llama Juan Villoro no me importan nadita, Juan Villoro por ejemplo, es una estrella del rock, unido, además, a su estrellato de un crack del futbol, él tiene las dos y además es un excelente cuentista (alumno de Monterroso, no era para menos). Pero casos de escritores que se toman tan enserio su papel y se les nota la cara metamorfoseada por tantas lecturas inútiles, esos casos no me importan, como Volpi o Aguilar Comin o Rafael Lemus o varios más que, supongo, solo se la pasan frente a un libro –por lo regular malos libros- y reciben cheques de Gobernación por algún artículo –y por lo regular malos artículos lambisconeros-. Pero no nos pongamos pesados, que yo, publicidad gratuita no brindo ni pretendo brindarles a los escritores que no soporto (incluso estoy por borrar el nombre de Volpi y el del otro y el otro, o tal vez no, admírelos, véanlos en entrevistas, da igual, los olvidaremos pronto), todo lo contrario que si hago con los que me encantan y que no dejo de elogiar cuando sé que hay verdadera literatura. Pero la literatura no importa, cuando hay verdadero rockstarismo, desplante, ceño fruncido, drogadicción y guitarras eléctricas, entonces ahí: sí hay literatura, también donde hay sexo, balas y valses de quinceañeras, y más literatura si la quinceañera es ninfómana. Pero en fin, lo que en verdad importa es que el escritor no pertenezca a su escritorio y a sus lápices, cualquiera se sienta a ver moscas y a sacarle punta a los lápices. Y no, aclaro, nos empecemos a confundir, la literatura de “la onda”, no es lo mío eh. Si acaso, y eso depende de cómo amanezca de humor; respeto, y solo de vez en cuando, a Parménides García Saldaña, que tuvo la fortuna de morir joven y volverse leyenda –algo muy rockstar ¿no?- ah y también escribió “Pasto Verde” (la menos anacrónica de todas las novelas anacrónicas de “la onda”), pero a Jose Asustin  y a los demás –que no nombrare, pero que saben quiénes son- puedo decirles que no pierdan el sueño, que gracias a Dios no los recordaremos nunca, Amen.
 Por los infrarealistas –hablo de los verdaderos, no de los que, después de “Los detectives salvajes”, quisieron “subirse al tren”-, que siguen dando tumbos de un lado a otro y que son lo más vivo de la literatura mexicana actual creo que sobrevivirán en el colectivo como seres que, estando entre nosotros, nos pusieron las más perfectas y verdaderas bombas en el culo y ni nos dimos cuenta, hablo de: Bolaño, de Mario Santrago Papasfritas –como lo llama mi amigo Jose Franscico Zapata-, los hermanos Mendez –no confundir con los Menedez, aunque por ahí va la cosa-, Pedro Damian y Jose Francisco Zapata, que tuve el infortunio de conocer tan bien y por lo que me siento tan agradecido con la vida bla, bla, bla. Pero la literatura del rockstar no acaba ahí, aún hay más. Pero relájese, póngase comodo y fúmese un porro conmigo que esto va empezando, esto que lleva leído fue solo la obertura, como la de “2001: Odisea del espacio”, a continuación vienen los madrazos entre monos y ya llegaremos a cuando la máquina que creamos adquiera vida propia y nos aniquile. O si gusta deje hasta aquí su lectura, vaya a dejar a los niños a la escuela y revise que, antes que llevar libros, lleven armas de grueso calibre, nada de cuchillos ni mariconadas de esas, una Magnum gruesa entre el emparedado y los lápices “mapita”, o de mínimo una Remington semiautomática, ya seguiremos conversando en un instante, yo voy a escuchar algo de música y a intentar ligarme a la vecina que esta buenísima, y que, desde donde escribo esto, veo que  anda caminando como danzarina  medieval “con su look de tubos, al más puro estilo de la vecindad”. Vaya y nos vemos en un instante. No se sienta comprometido a escucharme, que yo no me siento comprometido a decirle lo que tengo en la cabeza, que no es mucho, los rockstars no pensamos tanto.
(6 horas después)
No sé porque me dejo, aquí solo y con la cabeza para reventar, usted es un maldito desgraciado sin escrúpulos, inútil, imbécil lector. Bueno no es verdad, estaba bromeando. Entienda, estoy drogado y no había hablado con usted en 6 horas, que no es mucho (la verdad creí que ya ni regresaba) pero que me hace pensar en todo lo que quería decirle y que ahora se me ha hecho un licuado mental. Pero no se levante. Aquí estoy recordando que le hablaba de los escritores que me importan un carajo por que no son estrellas de rock, sino que son solo nerds-ratas-de-biblioteca. Y tenga por seguro que yo en la vida me he parado en una biblioteca, pero vaya a ese anaquel y encontrara todos los discos ordenados de la A a la Z: todo ahí es ROCK. O no sé, quizá encontrara discos de todo, sobre todo narco-corridos, también. Los escritores que más me interesan, ya olvide cuales son. Podría nombrarle unos cuantos, al azar, pero sería olvidar a los que más me interesan y que son los que considero rock, puro rock-literatura. Pero mire, la verdad ya estoy alucinando y la memoria me puede jugar malas pasadas y puede que usted se esté tomando muy enserio lo que yo le estoy diciendo. Algo que le agradezco pero que me tiene sin el menor cuidado. Mejor vigile que nadie borre lo que llevamos escrito. Vi las líneas del principio y la verdad me entraron ganas de ir al baño: voy a vomitar toda la literatura que he consumido, usted sígale, no tardo…                                          

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