sábado, 5 de noviembre de 2011

Cumpleaños 293 de Tristram Shandy



A Noemi Escalera C, por que sí.

En el capítulo 5 de esa novela de novelas, de ese “portento de novela”, como la califica mi maestro Sergio Pitol se lee lo siguiente: El 5 de noviembre de 1718, fecha que para el caso era tan cercana, a los nueve meses naturales, aparecí yo, el caballero Tristram Shandy, en este nuestro ruin y desastroso mundo. Yo hubiera preferido nacer en la luna o en cualquiera de los planetas (salvo Júpiter o Saturno cuyo clima no resultaría soportable), pues no podría haberme ido peor en ellos (no me pronunciaré acerca de Venus) que en este vil y cochino planeta que, en mi sentir, -sea dicho con el mayor respeto- me parece hecho de los desperdicios, retales y retazos de todos los demás.”

Por ese principio de capitulo y por ser quien es el personaje, no puedo más que celebrarlo como se debe. Mi personaje de novela, el personaje que más veces he leído como en forma de espejo, porque a veces creo ser yo mismo Tristram Shandy y me imagino nacer cada 5 de noviembre pensando que me deberían de celebrar, bien celebrados, mis 293 años, justo ahora, y que es la edad que cumplo.  Los 5 de noviembre Laurence Sterne me entinta el alma y mis fanáticos olvidan –a veces, y como es común olvidar: de que numero se calza-mi cumpleaños, - o como se olvida darle alpiste a las aves o cuerda al reloj-.

En fin, no soy Tristram Shandy pero Tristram se parece mucho a mí o me parezco mucho a él, no importa,  y no importa porque justo ahora que me pongo a pensar quien se parece a Tristram me da también por pensar  en quien trajo, a mi lengua, su gran novela –la gran novela de Laurence Sterne-: Javier Marías, y aunque hay otras traducciones (una en Akal y otra en Catedra) la que yo he utilizado para mis fines didácticos, lucrativos y de orden moral-autodidacta es la de él, que edita Alfagura y que posee, además, los “Sermones de Yorick”.  La de Catedra que fue la primera que me cayó en las manos solo hizo que se me incrementara la miopía y que se intelectualizaran mis primeras intenciones para con Tristram –un error gravísimo, de los que soy maestro en cometer- . La versión de Marías, simple y sencillamente: es la mejor. Ya lo dice Bolaño en una platica por chat con Ricardo Piglia: “Habria que hacer una lista de traductores de primer orden donde entrara Javier Marías con el “Tristram Shandy” o Sergio Pitol con “Las puertas del paraíso”, de Jerzy Andrzejewski””. Piglia le responde diciendo que el puro proyecto sería arduo, y después ya no sé qué más le dice Bolaño, pero debe ser algo muy interesante y burlón, tal como era Bolaño, o más bien: el comentario siguiente de Bolaño debió haber sido “alegre, voluble y chiflado”. Era shandy, de los que después hablo Vila-Matas -¿fue Vila-Matas?, bueno: Vila-Matas nunca es Vila-Matas, en fin- al pie de página en el prólogo de su Historia abreviada de la literatura portátil (HALP, por sus siglas en cualquier idioma): “*Shandy, en el dialecto de algunas zonas del condado de Yorkshyre (donde Lawrence Sterne, el autor de Tristam Shandy, vivió gran parte de su vida), significa indistintamente alegre, voluble y chiflado.”  En  Yorkshyre, dentro del Shandy Hall y, para los shandys en el Templo Mayor de Ciudad de México (como titulara Juan Villoro un ensayo dedicado a HALP) yo creo, “alegre, voluble y chiflado” significan, indistintamente: shandy. (¡Que trabajo me ha costado todo este párrafo y eso que mucho mío no hay en él, pero que difícil fue ordenarlo, creo que mejor será llegar ya al siguiente párrafo, tan solo hay que cerrar este paréntesis, poner un punto y dar un espacio para el siguiente párrafo).

Muy bien, lo logramos juntos. Sigamos celebrando a Tristram Shandy. Y pasemos al siguiente párrafo, otra vez, nuevamente, nada más por que sí.

Y aunque llevo todo el día escribiendo esto, todo el día 4 de noviembre de 2011 y ya son las 12:55 am: ya es 5 de noviembre de 2011 y me doy cuenta que solo llevo una página y media de disparates que bien se podría haber escrito en 20 minutos o en los 55 que van del cumpleaños de Tristram con una prosa más cuidada y más comprensible para ustedes queridos amigos, pero, no nos hagamos, eso no es lo mio, ni lo de Laurence Sterne, mi maestro. Y por eso cuando alguien me dice: “No entiendo que tratas de decir con lo que escribes”, siento una felicidad recóndita que nunca exteriorizo pero que significa: ¡Gracias, lo logre! Siento felicidad y también siento como que una ventana, de esas de guillotina, me hace la circuncisión de un tajo, pero sobre todo siento felicidad.     

(Y justo cuando escribí lo de la guillotina, me encontré, entre mis libros, una versión inglesa del Tristram Shandy, para ser exactos el número 36 de la Brittanica Great Books, pero eso no importa, como no importa nada de lo que llevo escrito, por que es el cumpleaños de Tristram, y en los cumpleaños todos se tragan su orgullo y festejan al cumpleañero aunque no lo conozcan y sean unos colados en la fiesta). 

Son las 5:39 de la mañana y he tomado mucho café, estoy en el Shandy Hall.  Soy Laurence Sterne y aún no ha nacido Trismigesto…Trismegisto…Tristramgisto…Tristram…, es hora en que por fin lo invite a que conozca este vil mundo. Por otro lado, si llego a conocer a alguna Eliza no dudare en “enamorarme locamente de ella”. Mi esposa –la otra Eliza-, que en verdad está loca, no sabe lo que es “enamorarse locamente”. Pretendo –también- que, algún día, digamos dentro de unos dos siglos, un escritor regiomontano que se llame Alfonso Reyes me defina de la siguiente manera: “Se vivió la vida enamorado”, que traduzca mi “Viaje Sentimental” (que aún no he escrito) y que también, un tal Allan Herrera, se imagine de mí lo que quiera, sera mi alumno.  

Son las 5:49 de la tarde de este 5 de noviembre de 2011, estoy mirando el crepúsculo. El lado hacia el que mira mi habitación del 5to piso me regala ese espectáculo. A 1n Kilometro i ½ , de esta ventana en la que estoy, y mirando de frente, está el WTC de Ciudad de México. Veo, desde aquí, recargado en la cornisa de la ventana, y donde tengo recargada la computadora, que el restaurante gira, no sé si la gente al salir vomite lo que ingirió dentro, lo más seguro es que sí, porque la velocidad de ese restaurante es sorprendente: es la velocidad de las tazas en las ferias, o los volantines en el parque, la velocidad con la que los fórceps sacaron la cabeza de Tristram de la #&=?"! de su madre y le destrozaron por siempre la nariz. O es que no se la destrozaron, como decimos aquí: “la libro”. Y se salvó –es obvio- porque  vivió para contar todo acerca de su nariz. Yo también tendré que platicarles, con más calma, acerca de mi nariz –pues comparto, con Tristram, el ser de nariz Shandiana-.

Acabo de revisar lo anterior escrito acá arriba –todo- y también mi nariz en el espejo –sí definitivamente shandiana-, y como creo que estas son las líneas que darán comienzo, ya por fin, y en verdad, para el cumpleaños número 293 de Tristram Shandy, quiero asegúrame de que sepan y se enteren muy enserio que Laurence Sterne, nació el 24 de noviembre de 1713, por lo que solo fue 5 años más grande que Tristram y quizá fueron vecinos o hasta se saludaban desde sus carreolas. Yo que soy del 25 de noviembre no puedo más que pensar que nací un día después que mi maestro y en 1985, para que no se empalmaran los festejos que vienen dentro de 19 y 20 días, respectivamente.

Pero bueno -nevermind-, el dia de hoy es el cumpleaños de Tristram y a él es al que hay que celebrar por lo que ya va siendo tiempo de que, en verdad, de comienzo lo que les tenía anunciado sobre el cumpleaños de Tristram Shandy, y que es lo siguiente:                                      

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