sábado, 3 de septiembre de 2011

Conferencia (cancelada) sobre como escribir


Hay un libro que cabe en la bolsa del pantalón, lo prefiero porque tengo pocos abrigos, y no tengo muchos abrigos precisamente, para no llevar libros grandes, no hay nada de mayor mal gusto que un libro grande de aquí para allá; solo llevan libros enormes de aquí para allá, dentro de una ciudad: o los universitarios que nunca serán nada o las solteronas que quieren seguir siéndolo. En fin, el libro del que hablo es un libro que incluso cabe en la ropa interior de cualquier chica, y eso creo que es más que suficiente para que yo hable de él, lo elogie y lo imagine en su lugar indicado.  Aunque, llegados a este punto, imaginando que mi biblioteca está a un lado de mí, veo que no es solo ese título –el del que en un principio quería privatizar el tema  en esta conferencia-  el que cumple con esos atributos, el de la portabilidad y la tangabilidad. Ejemplo: un libro grande es imposible llevarlo hasta el fin del mundo, por el contrario, con un libro pequeño uno puede ingresar al fin del mundo o a la casa de la novia y seguir siendo escritor o papanatas que en cualquier instante huye al libro, el caso es que sea viable llevar un libro siempre, como un arma que nunca se sabe cuándo se pueda utilizar, de eso se trata, de saber que hay siempre mejores cosas en el bolsillo que una plática con un simio que transcurre con sus miserias rutinarias frente a nosotros. Cuando les hablo de libros grandes o libros de abrigo pienso en los siguientes: Tirant lo Blanc, Gargantua y Pantagruel, Don Quijote de la Mancha, Tristram Shandy, 2666 –solo grandezas grandes- . Cuando pienso en libros de tanga me imagino los siguientes –y me los imagino incluso con las diferentes variaciones de color en una tanga-: “Aforismos”, de Lichtemberg;  “Novela como nube”, de Gilberto Owen;  “El libro vacio”, de Josefina Vicens;  toda la colección de Letras Mexicanas, y en especial: Farabeuf  y Pedro Paramo; “Estrella distante”, de Roberto Bolaño; o ese libro que inaugura una extraña manera de imaginar como a uno le plazca el más sublime portatilismo: “Historia abreviada de la literatura portátil”, de E.V.M. Ahora, y justo cuando he dado ejemplos, creo que, al paso, surgió otra clasificación, la del libro como cartera de preservativos que son esos libros que nadie debe enterarse que traes, incluso nadie debe enterarse que has leído  –justo como una cartera de preservativos, si es que aun tienes sentido del decoro frente a la chica que piensas tirarte-. Y cuando les acabo de decir eso me viene a la cabeza, como un rayo, las “Cartas a un joven poeta”, de Rilke y que son la mejor manera de saber que, a lo que te dedicaras –la literatura- no te puedes andar con medias tintas, o te lanzas o mejor largarte a bordar florecitas. Como esa cartera de preservativos que ya que sacaste, la está viendo tu chica y sabe que no hay vuelta atrás y lo sabes tú, y los dos lo disfrutan. Así son esos libros pequeños, preservatiricios, los lees y no hay marcha atrás, y lo disfrutas. “El matrimonio entre el cielo y el Infierno”, de Blake –de preferencia en la traducción de Villaurrutia- es otro ejemplo.
Pero yo no vine a hablarte solo de libros, porque esa es una plática que debes mantener contigo mismo o misma, con tus tangas y con tus abrigos. Yo vine a hablarte del poder de llevarte la literatura a la cama y de despertar pensando en literatura porque me dijeron que diera una conferencia sobre: cómo escribir. Y aquí estoy muerto de nervios pero frente a ti diciéndote que hay que ser muy putamente valiente para escribir lo que sea, desde la lista del súper hasta la obra maestra, que son cosas que en su arbitrariedad tienen el orden propio que, en otros términos se llama ESTILO, tu forma única de narrar un suceso. Y me sentaron en esta mesa con dos botellas de agua por que supongo que desean que mi estilo sea huir para ir a orinar y para huir y no decirte lo que te voy a decir, pero mira, no he tocado las botellas de agua y no pienso ir a orinar así que te lo voy a decir todo, hasta lo que no te va a gustar.
Si piensas en que puedes tírate a la Miss universo de este año, vas por buen camino, serás escritor. Si piensas que ganaras dinero y serás multimillonario, lo siento, lo tuyo entonces es vender puercos muertos –y ser infeliz, además-. Para escribir lo que necesitas es: papel y lápiz, lo demás depende de ti y de tu valentía, de si en verdad tienes capacidad de fabular, de mentir elegantemente, de ser mil sin dejar de ser tú.  Mira, a mí no me han publicado aun y yo ya sabía, desde que era un homúnculo, que sería escritor; por otro lado déjame hacer un paréntesis aquí (si me publican o no me publican me importa un carajo, yo escribo y no tengo duda de lo que estoy haciendo). Es muy duro escribir, pero más duro seria vivir sin hacerlo. Escribir me quita el dolor de cabeza, me permite alejarme de los estúpidos y estúpidas en este tiempo de estupidez constante, confió en que nadie se ofenda por lo anterior. Mis compañeros anteriores expusieron sus puntos a partir del género que cada uno cultiva, yo tengo que decir que soy el des-generado, en mi las fronteras no existen con un plan determinado –si lo supiera me aburriría- yo veo los géneros como la paz de las academias –que por otro lado, ni así logran la paz-; la literatura no es etiqueta, la prueba es que los libros de Sergio Pitol, mi maestro, no saben nunca donde acomodarlos los libreros y menos los académicos forenses. Yo voy del ensayo al cuento –o viceversa- y me muevo en el segundero del destello poético para satirizar lo que requiere demasiado respeto o al contrario. No hago caso de géneros y la prueba es que llevo 4 nano-cuentos en lo que llevo dicho y tú ni en cuenta.
Sigamos. Hace unos días, cuando me proponían venir a hablar de mí en este espacio, quien lo hacía y a quien estimo mucho, me dijo: Se trata de leer dos cuartillas sobre cómo escribir. Me vote de risa, me revolqué de risa. Hecho, le dije. Llegue a casa y escribí 20 cuartillas, tire a la basura 18 que no servían para nada de lo que les he dicho. Quizá el ejemplo no les cale a ustedes, o si, quizá es un ejemplo de lo que supone escribir, de lo que escribes, de lo que logras escribir, solamente el 2 por ciento es público, solamente el 1 % lo escuchara y el .1 por ciento lo entenderá, no se ofendan, pero así es la literatura. Y también es humor –algo de lo que mis compañeros evitaron hablar-, si no hay humor pocas veces se sostiene una narración o un poema o incluso un twitter, un ensayo sin humor no es ensayo –léase Monsiváis-, la dosificación de la ironía circula en la mejor literatura –léase la mejor literatura-. 
Puedo decirte, llegados a este punto, que no hay recetas, ni formulas ni condiciones para crear buena literatura. También puedo decirte sinceramente que escribas y escribas, y que tires también mucho de lo que escribes, que encuentres eso que eres y que se llama ESTILO.  Digo que dice Vargas Llosa que dice Flaubert: Escribir es una manera de vivir. Y vivir es una manera de escribir: ¡Vive!     

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada