sábado, 14 de mayo de 2011

Cuando los reconozcas

                                                   A Maggie Bukowski, o De la Rosa (y lo que le siga)

He tenido la suerte de conocer a la gente más ruin, más desgraciada, más vinagrosa, más estúpida, más colérica, todos muy huecos. Suerte de no saberme así o de ver que el circulo me pertenece de lejos, lo veo y lo conozco, lo sé desmenuzar y repartir en dosis bajas o de alto calibre. ¿No lo conoces? Es factor común  saber que donde hay gente en grupo hay todas las variables con las que inicio este articulo y otras más -ya las intuyes, no le des mas vueltas-. Varias veces me he topado con alguien que me ha leído -extraño pero me sucede- y me suelta la solución de mi difuso articulo anterior, me lo dice y la lengua se le va trabando: "nooooo estas maaaaal". Yo quisiera entender que esa solución se aplica a la vida del trabado y que ahí se la quede, yo lo que escribo lo voy olvidando o lo voy rearmando (ya mi conciencia trabaja los textos y yo los transcribo, ya sé de que he venido hablando con el tiempo y por eso la frialdad -nunca tanta-) y mi solución es diferente, un poco más difusa que la anterior. No soy el escritor que explica y justifica, no tengo por que explicar nada ni justificarme ante lo que hago, y la verdad que el escritor de las explicaciones siempre caduca -de menos su explicación-en ese instante, o ni los leo -me cuido la vista y tampoco soy lector aplatanado en un sillón tragándome todo lo escrito: la prensa o las novedades o las estupideces de la web-; para mi, respira Shakespeare y me paso el día con un verso de algún soneto suyo o me levanto por la mañana y hojeo un Faulkner, después me salgo a correr y si me da la gana lo retomo sino, hago lo demás que me interesa de un día. Vamos, no me lo tomo tan enserio -escribir- y la verdad es que, tan enserio no me tomo nada, escribo cuando me lo planteo por que quiero decir algo o por que me da la real gana inventarme una vida perpendicular -cuando escribo ficción nunca me confundo-, la mía se expande y la otra me la acompleta aun más o me la enriquece, el erotismo me viene de las letras -y tampoco me lo tomo tan enserio, me es latente, más real-real-. ¿Y a que todo esto? La taradez que comencé enunciando -lee el primer renglón-, viene de todo aquello forzoso, algo que no respira, lo obligado y casi siempre cansado, cansancio que causa vinagre -la situación en que la política tiene al país, otro tanto-, el bestialismo humano otra vez y recargado. Ya las aulas universitarias no se plantean lo humano "si no deja dinero no me importa", va siendo el pensar y al tiempo el engrandecimiento del bestialismo; la gente va dejando de saber que es un saludo, una sonrisa y un beso -no hay tiempo el dinero apremia- y si lo pretenden intuir se suman a un colectivo o secta que no tiene empacho en cargarse con su dinero -y de un saludo, una sonrisa o un beso no sé si hablaran, no creo, la preocupación por el dinero quita tiempo-. Yo he perdido a amigos y personas queridas en el remolino del cocowash -reconocelos por la cantaleta, por el juicio que creen que pueden tomar sobre ti, pedradas vinagrosas, "te perdí, tu rostro de hoy ya no es tu rostro", pienso cuando pienso en esas personas, pero cada quien hace de su vida lo que se le antoje y yo no soy juez para nadie -que no lo sea nadie para mi-. Yo seguro nunca podría pertenecer a ningún grupo, ni de fútbol, ni político, ni religioso, me echarían a la semana por que no uso el distintivo o no he pagado la cuota o por que no se me da lo de convencer con ofensas, por que en la realidad-real nunca me hago pasar por otro. Tú ya tendrás la suerte de conocer a la gente más ruin, más desgraciada, más vinagrosa, más estúpida, más colérica, todos muy huecos, cuando los reconozcas -no los juzgues, ellos se han enjuiciado a si mismos- y ya veras que tampoco podras entrar en su grupo. Suerte de no saberte asi.          

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