sábado, 19 de marzo de 2011

Vestir vestidos preciosos

"Do you remember how you wore that dress?"
Since we've been wrong - The Mars Volta
(Y, en mi desvestida traducción: "¿Recuerdas cómo llevaste ese vestido?") 



Creo que aquello de decir que libros se tienen que leer no es mas que 1) perdida de tiempo y 2) inutilidad de expresión. Yo bien sé los libros que me han interesado tanto que, no interesaría nombrarlos. Y si algo me ha sucedido con determinados libros es, llevar sus textos hasta un punto más allá de su misma confeccion, quizá hasta destruirlo y rehacerlo en mi. Esto no tiene nada de extraño, es mas, es lo mas normal para alguien que lee con respeto -mas respeto hacia si mismo que hacia las convenciones habituales de lectura prescrita por las aulas de estudio, que tienden a ver en el texto un aparato museografico, más que un aparato en funcionamiento e hidratante-. Pero yo no soy quien para decir como leer, soy alguien que dice como lee y nada mas, de los prejuicios ajenos no me hago cargo. He dicho hasta la saciedad que, el titulo que me llevaría a la tumba, en caso de que me enterraran vivo y ni yo mismo me diera cuenta -o el titulo que quisiera que me aventaran si no se dan cuenta de mi muerte, y con el que bien me la pasaría esperando ser sacado y si no, pues bien, me moriría leyendo (y la broma es muy negra, creo)- seria el "Tristram Shandy" en la traducción de Javier Marías, libro que he leido en momentos de mi vida tan tristes que se tornan alegres y a veces viceversa, un libro que me ha llevado con su estrella y al que no le perdono la dicha de hacerme un cultivador del erotismo -en mi vida ficticia y en mi mas real realidad-. En su disparidad, sus digresiones -siempre lo mas cautivante del libro- encuentro siempre esa forma de no contar como se supondría tendría que contar tal hecho, sino distorsionarlo, patearlo, romperlo y rehacerlo en un imaginario que siempre me gusta y que deja esa sonrisa, sonrisa erótica, de deseo.


Y justo ahora que acabo de pegar la foto de mi libro predilecto voy sintiendo esa inutilidad de decir que libros leer (2), pero también voy sintiendo las ganas de largarme de esta computadora e irme a casa de la vecina, a leerle algunos fragmentos sueltos, que siempre son antídoto y pretexto para poder hablarle a esa vecina que jamas, en su vida, se ha dado cuenta de mi existencia. Pero me quedo aquí y sigo con mi dialogo mental que se va volviendo escrito. Como decía Henry Miller: "No pienso cambiar una sola linea de lo que voy escribiendo".
Entre los libros de Poesía, que son mis favoritos, por encima de los de narrativa que solo cuentan historias que casi nunca me creo, o que veo como mecanismos vivos de maquinaria pesada, esta, claro, la Poesía de Ramón López Velarde.


Rasgo perfecto de palabra intravenosa corriendo desde la planta de los pies hasta la mas fulgurante idea; un libro que funciona o que hago funcionar, también, bajo esas premisas que, sin ser reglas, van deshaciendo un texto y lo rehacen en mi. Lo rehago de manera inconsciente y lo rehago a veces en los lugares mas propicios, he ahí la función ausente de la literatura. La poesía se rehace siempre en la desnudez de las almas y los cuerpos. Alguien que no lee poesía dificilmente vive su vida, suena cruel, pero dije que: "No pienso cambiar una linea de lo que voy escribiendo", o dije que lo dijo Miller pero, me da igual y lo hago mio al cambiar una o dos palabras. La poesía es campo de expresión que no necesariamente se reencuentra en un análisis literario (esa poesía, o ese analisis no sirven de nada o sirven en las aulas academicas, y los que vivimos un poema rara vez entraríamos a un departamento de disección literaria) vivirlo repito, es desnudar. No un desnudo prosaico; un desnudo poético, de la palabra en los cuerpos. Yo he vivido y he hecho vivir ese fuego, un fuego que como decía Bolaño: "es tal, que quema". Pero no es lugar para poner mi vida privada, lugar de tecnologia, sin paga y sin sensibilidad poética, mundo virtual, llano y vil. He amado y eso me parece poético por que también he sido amado. Suficiente.

Cada que una canción viene a mi forma de escribir, sé que soy diferentes estilos y que, el hacerme cargo de uno solo me llevaría a mi propio aniquilamiento como escritor -o como se le llame a quien pone en movimiento diferentes mundos-, por que nunca soy uno, ni el único que va escribiendo un texto, soy diferentes soles, tornasoles, tornasolado. Un tapiz para disparar en diferentes direcciones; ya hasta este modo de ir escribiendo me va proponiendo otros métodos. Yo pierdo teorías y elaboro una nueva si se requiere en el caso, algo que le aprendí, más que a algún escritor, a una amiga que vestía vestidos preciosos diferentes, diario. Siempre he sabido que mis formas literarias se asemejan más al vestido teatral que a la religiosidad, más a los vestidos de mi amiga que a los estilos literarios que tanto se estudian (¿y con que fin?). Yo voy leyendo y sé que la vida empieza cuando el texto es mio (¡que pedante!) y por eso me gusta saber qué juegos divirtieron y entristecieron a Sor Juana y seguir rehaciendo en mi cada uno de los "Nocturnos" de Xavier Virraurrutia; por que los textos, si alguien sabe para que sirven, mejor los olvida por que son ya: confeccion en una realidad de sueño, esa la lectura esta: más allá del texto. Un tanto como lo que expone Auden en "Un poema no escrito", por que las letras con que se confecciono dicho poema son solo la parte alta y visible del sentimiento más profundo que esconden, más profundo y más allá: vestido y cuerpo desnudo.    

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