miércoles, 11 de agosto de 2010

Poéticas de lector

Ahora que escribo esto (mientras voy leyéndolo y corrigiéndolo -en la medida de lo posible, no se puede escribir sin corregir pero tampoco corrigiendo hasta el exceso-) siguen en mi mente, como canica en una esfera y ésta en una pelota y la pelota en un inflable circular enorme: una pelota de pandora mental, siguen rebotando los cuentos que de un tiempo a este día he venido leyendo. Cuentos perfectamente cerrados y que dejan siempre, por la manía de contarlo todo, al lector en un estado abierto y con las ganas de desarmarlo todo y volverlo a armar, colocando las piezas tan sueltas y tan bien definidas que, sin duda, al lugar y a la forma que nos guiarían seria a su forma original, la forma que desde el principio el autor le había diseñado.
Me parece que en la disparidad de autores -autores geniales de disparidades geniales- esta siempre en vuelo la poética propia del lector, una poética, por lo regular, nunca escrita: desden de críticos desdeñados.
Los libros de cuentos, los cuentos y los autores de los que hablo -al tiempo que hablo de mi experiencia poética de lector- son: Julio Cortazar Octaedro: Liliana llorando, un perfecto poema hacia la muerte y Los pasos en las huellas, una historia tensa del escribir a partir de mediums controladores; y los Cuentos de Roberto Bolaño, este segundo me ha permitido encerrarme en esta ciudad que bien podríamos rebautizar con el nombre de Distrito Infernal.

En el caso de Bolaño hay algo que en ocasiones me enerva y es que los lectores suelen admitir su postura de enervados antes incluso de leerlo. Después -después de leerlo, digo- su conducta cambia con un rumbo interno y no desde afuera, o desde donde se construyo ese interior. Piensan que la cotidianidad en las historias de Bolaño es tan cotidiana que el autor no tuvo que lidiar con las fieras dificiles del domar: las del orden y la forma, más aun con las de la elegancia en una prosa tan personal como inimitable.
En Bolaño todo el desmadre, la sangre, el sudor y el semen no son nunca gratuitos. Y es por que están construidos desde el desmadre, la sangre, el sudor y el semen del que un autor hace acopio en pos de un orden para vertirlos en su prosa. Por supuesto hay quien solo ve -digo ve, no lee- estampas de sus demás libros sin descubrir nunca el orden tan pulcro de la narrativa de Bolaño, una narrativa que encuentra su partida interna -su argumento- poblada de personajes fascinantemente desordenados y sucios. Salvajes la mayoría. O como diría su amigo Mario Santiago: Sin timon y en el delirio.

En Cortazar -mi reencuentro desde su Rayuela que leí desde una forma desordenada o tanto como la pudiera lograr e imaginar, llegando a la misma conclusión: No hay conclusión- hay el cuento preciso de innumerables variables, tantas como el lector posea o logre y anhele poseer. En Cortazar vive siempre una poética del orden y la reordenación. En un tercer cuento, que no menciono arriba, Manuscrito hallado en un bolsillo la lectura es capaz de llegar hasta donde el lector la logre o pueda elevarla, aun así el cuento admite la lectura, digamos, superficial y nunca pierde en nada. Un cuento donde las sonrisas del amor y sus reflejos o sus reflejos en sonrisas son los personajes principales: maniático y amoroso. 
En estos dos autores la prosa genial reviste una prosa aun mas profunda: la prosa imaginada del lector. Cuentos que miran al exterior desde un interior siempre en metamorfosis. Escrituras tan logradas que excitan e incitan en cada relectura según quiera elevarlas la poética del lector. 
    

2 comentarios:

  1. Estimado Allan muchas gracias por el dato. visite el callejón y me hice de buenos títulos. Al igual que tú, encontré algunas cosas de Pitol traductor. Sin embargo, el libro que me falta de Tabucchi se me sigue escondiendo, mañana será mi último día en el D.F. Al parecer el libro está en alguna de las librerías de Quevedo. Creo que una de las muchas virtudes de Cortázar y Bolaño, radica en hacernos creer que escribir es fácil, cómo un instinto natural.

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  2. Exacto José "cómo un instinto natural" el mismo que uno utiliza como llave de acceso restringido en los subterráneos de la mente propia, el mismo instinto natural para lograr dar con un titulo de un libro que también delinea la búsqueda de las poéticas propias del lector especifico. Espero que hayas podido dar con ese Tabucchi y me hayas dejado algo del botín Sergio Pitol traductor en el callejón. Suerte y sigo tu blog

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