sábado, 15 de mayo de 2010

¿Y en dondé entierro mi silla?

Dos razones me mueven a relajarme y alterarme en esta entrada. La primera es que escribo desde una silla que quizá se ocupo en alguna oficina de algún centro de inteligencia secreto de los usa (con minúsculas, no me importa), teorizo esto porque, paseando por las calles de la Ciudad de México mi madre entro a un local donde vendían toda clase de muebles y de entre todos me llamó para que la acompañara a traer a casa una silla que en su parte trasera porta aun una etiqueta que dice: property of united states administration. Y a todo esto, me he quedado con la silla anterior, la vieja silla donde he escrito muy poco de lo tanto que he escrito en otros lados alejado de la incomodidad de mi silla (ahora ya mi silla vieja). Lo curioso es que de una circunstancia determinada siempre giran a nuestro alrededor motivos totalmente ajenos a esa primera circunstancia. En la pasada conferencia de Enrique Vila-Matas en Ciudad de México me encontré con otro escritor que si no exagero (aunque sé que soy todo un experto en el arte de la exageración) es el mejor del Distrito Infernal, perdón Federal: Álvaro Enrigue. De entrada creo que ni nos saludamos. Sigo sin encontrar El cementerio de sillas, le dije en medio de nuestros diálogos recortados por los diálogos ajenos y que siempre son más interesantes que lo que decimos nosotros mismos.
Pero encontré Virtudes Capitales, dije también, algo así como si no es Chona es Juana. Álvaro menciono que él no sabía si eran buenos sus cuentos de Virtudes Capitales. Yo le replique diciéndole que, eso no importaba por que el que los leía era yo y que ciertos datos de esos cuentos encajaban o coincidan con algunos datos de mi propio alrededor o que así los suponía. En fin, quizá por que iba un poco drogado (véase la foto de ese mismo día donde estoy junto a Vila-Matas, ¡que cara tengo!) pude recordar que había visto dos tomos de El cementerio de sillas en la biblioteca José Vasconcelos. Sin pensarlo Álvaro me dijo, pues vamos a chingárnoslos o, me los voy a chingar o, tú te quedas con uno yo con otro; total se entiende y se entiende que yo iba algo drogado como para recordar que me dijo con exactitud. Le pregunte si en verdad él no lo tenía, me parecía el colmo que ni el mismo autor tuviera su libro y me dijo que, aunque había cuidado mucho el suyo en una entrevista que le hizo Silvia Lemus para la tv esta le dio baje y... ni modo de reclamarle o tú te avientas, concluyo Enrigue. No recuerdo si nos despedimos y no supuse que el día de hoy iba a pensar, en verdad, de las dos formas, la literal y la literaria, en que uno puede llegar a necesitar de un cementerio de sillas.

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