martes, 11 de mayo de 2010

Blogginesca


Por momentos Shandy, por momentos Bartleby

En la ciudad (nerviosa) de México la visita del escritor español (por ponerle una nacionalidad; él mismo se adopta mexicano en un ensayo a Juan Villoro: ‘A un escritor con dos casas para siempre’), llego con impaciencia. Uno de los escritores más vivos, dentro y fuera de la literatura, en este momento. La visita para la presentación de su más reciente libro, Dublinesca. De los libros de Vila-Matas, editados por Anagrama en su mayoría; y compilaciones de artículos y conferencias en Alfaguara o Sexto Piso, Dublinesca es editado por Seix Barral. Desde Dietario Voluble, amigos shandys, preludiaban un bartlebysmo de nuestro escritor, yo les consolaba imprimiéndoles los artículos que, desde España o de algún lugar en un viaje vertical; de alguna cámara destinada a escritores (recordando a su admirado Walser), escribe siempre. Ellos, ahora lo entiendo, se rehusaban a leerlo en un ordenador, querían (queríamos) un libro. La historia de Dublinesca se centra en esto “el fin de la imprenta”. Ahora sabemos que no sabíamos nada de nuestro escritor nada bartleby en el momento en que así lo imaginábamos. Quizá, por que, al escritor, le viene constantemente una pasión por desaparecer y reaparecer para asegurarnos que los libros no desaparecerán (ser y no estar). Ser y no estar, la sustancia principal de los libros de Vila-Matas: la pasión por la negritud, el arte de la insolencia, el funcionamiento de una maquina soltera.


Pero nos dejaba la tarea de la relectura, que es el momento de más acción en la tarea de un lector tan en activo como nos ha formado este dandi. También la forma en que nos ha convertido en más dandis y shandys de lo que ya éramos. Leyendo a Vila-Matas no podemos ser humildes lectores y me acuerdo de esa ocasión que platica Cesar Aíra cuando, al cruzar una calle, un transeúnte lo increpa saludándolo, pero Aíra no lo reconoce:


-Usted no me conoce pero yo si, soy un humilde lector suyo –le dice el transeúnte.


-Entonces no es un humilde lector, ¡usted es un lector de lujo! Humildes pobres, los lectores de Coelho o Isabel Allende –concluyó en ese cruce Aíra, por supuesto, arrancándole una sonrisa a su lector de lujo.


Si la modernidad de la literatura más selecta nos entro a mis amigos y a mí gracias a Sergio Pitol y a sus traducciones; la selección mas acertada de autores nos ha entrado siempre también, por Vila-Matas. Nos han convertido en lectores de lujo.


Dublinesca es una novela tan excesivamente literaria (en el mejor sentido de la expresión) que de tan plagada de claves directas del Ulisses, de Joyce nos comprueba que, la condición del escritor esta en explorar ese abismo que solo las grandes obras tienen con el lenguaje y la materia total dentro de sus palabras. Esta Becket también, un fantasma tan palpable que se convierte (se eclipsa, como dijo Juan Villoro en la Shandy-presentación), en el capitulo tercero –julio- para transformar la sintaxis de la novela. Samuel Riba es un personaje de carne y hueso, decían que mis personajes nunca eran de carne y hueso, expreso Mr. Shandy (Vila-Matas), convirtiendo su dialogo en lo mas vilamatiano de la tarde, un dialogo que, intuyo, es la prueba de la ficción mas encauzada en la realidad y de la realidad (carne y hueso) mas encauzada en la ficción.


A la salida de la librería, donde se llevo a cabo la conferencia (y que por un momento sentí como la ampliación directa del Shandy Hall ingles), sentí la ciudad más nerviosa, tanto como la sintiera Roberto Arlt. Quizá fue que esos nervios se debían a la paradójica tranquilidad que me daba tener un libro en las manos y saber que el réquiem de su interior era una canción a su existencia. Por que Samuel Riba no hubiera dudado en añadir en su catalogo Dublinesca, quizá el genio que lo creo era el genio que él buscaba.

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